Amordazado con las palablas
de su Santa Biblia;
en la conciencia de un cielo gris,
el demonio de blanca sotana
vocifera un rezo compulsivo;
a la hora de despedir al acólito,
lo hace con un obsceno beso.
¡El vouyerista de Dios ante la atrocidad!
¿Es Dios tan morboso como su amada humanidad?
Érase el joven acólito, con su
semblante distanciado de la
paz y cercano al dolor;
quien adorna su cruz con
exaltante complacencia;
quien entrega su carne a
las virtudes de la indulgencia.
Demonio de blanca sotana sonríes,
al ver la pared rebosante de lágrimas...
¡Perversión, la marca del prohibido fruto!
cambio
Hace 15 años
