La lenta expresión de esos
torpes pasos se desvanece
en el trazo eterno del
arenoso tiempo.
¡Oh marchita criatura!
De aquel invierno,
que cincela silenciosamente
esas grietas en tu rostro,
y recorren sin disimulo alguno
tu caminar en el mundo.
De aquel iris, que abandona
malignamente tus ojos, el
color se hace pálido, siendo
reflejo del llanto.
¡Oh flagelada forma!
De aquel matíz perdido en la
memoria, cuando la cálida brisa
acariciaba la edad juvenil;
Ahora se filtra en tus manos en
estado líquido.
De aquel respiro cerrado, en
las cuantiosas cargas del
existir; Siendo la íntima
figura del Capuz Mortuum.
cambio
Hace 15 años

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