sábado, 25 de diciembre de 2010

Entre blanco y negro (XXVIII)

sábado, 25 de diciembre de 2010
Amordazado con las palablas
de su Santa Biblia;
en la conciencia de un cielo gris,
el demonio de blanca sotana
vocifera un rezo compulsivo;
a la hora de despedir al acólito,
lo hace con un obsceno beso.

¡El vouyerista de Dios ante la atrocidad!

¿Es Dios tan morboso como su amada humanidad?

Érase el joven acólito, con su
semblante distanciado de la
paz y cercano al dolor;
quien adorna su cruz con
exaltante complacencia;
quien entrega su carne a
las virtudes de la indulgencia.

Demonio de blanca sotana sonríes,
al ver la pared rebosante de lágrimas...

¡Perversión, la marca del prohibido fruto!

Entre blanco y negro (XXVII)

.(La llave).

Confortable telar de otra noche;
aún mas alejado de aquel presente,
desplazado al término de lo real.

¡Confortable telar de otro viaje!

Ha hablado de muchos lugares,
otros tanto extraviados y olvidados;
Yamir sabe que no debe ir lejos.

¡En otras noches!

¡En otros encantos!

¿Yamir está mas allá del muro del sueño?

Como un péndulo de aquel reloj,
la llave de su cuello colgaba;
frente a Yamir,
la fuente del olvido.



.(La puerta).

La luz se desvanece al llegar el olvido;
sus ojos están cerrados,
sin contar esas noches que encierra la puerta.

¡Ahora no hay retorno!

Lejos de los cimientos de la humanidad;
Yamir está desnudo,
al igual que la árida tierra;
adornando el jardín del imponente Erebo.

Sigilosamente el anfitrión se presenta;
felinamente familiar,
mirando con atento apetito al indefenso viajero.

¡Oh anfitrión, que miras sin ojos!

¡Oh anfitrión, que ries sin voz!

Yamir lentamente escucha al infame felino...

¡Aquí toda vida se extingue!
 
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